Eres masoca?

Aunque me lo pasé como un enano con el Demon’s Souls, al juego se le notaba algo cojo. Es como si fuese una idea algo incompleta, una especie de borrador.

El Dark Souls viene a ser una nueva implementación de esa misma idea. Vamos, que es el mismo juego pero cambiando la historia (aunque empezamos igual de perdidos que en el anterior) y el entorno.

Básicamente la mecánica de juego de Dark Souls se puede resumir en dos puntos:

  • Mueres constantemente.
  • En ocasiones te entran ganas de reventar el mando.

A pesar de ello el caso es que aunque suena a algo a lo que no querrías jugar, el Dark Souls engancha.

El sistema de progresión por el juego ha cambiado respecto a Demon’s Souls: ahora en lugar de comenzar en un nexo central desde el que puedes llegar a todas las áreas, todo el mapeado está unido en un único mundo contínuo, sin “teletransportes” ni cargas entre áreas. Sigue habiendo  zonas diferenciadas (se podría decir “ciudades”, pero el entorno de Dark Souls es un mundo con tintes oníricos  donde castillos, ciudades y ciénagas se suceden de una forma un tanto caótica) y se nos informará cuando estemos entrando en cada una de ellas, pero todo está conectado.

Seguimos sin poder guardar la partida cuando queramos (ni ponerla en pausa, así que mejor pasar por el servicio a evacuar todo lo evacuable antes de ponerse a jugar). Dado que ahora el mundo es continuo, los “checkpoints” son fogatas que encontraremos a lo largo del juego. En ellos se guardará el progreso, se nos regenerará la salud y podremos entre otras cosas subir de nivel y organizar el inventario, aunque como contrapartida reaparecerán todos los enemigos que ya hubiésemos derrotado. Esto puede provocar que nos quedemos atascados en una fogata lejana a cualquier punto de venta o reparación, con las armas estropeadas y enemigos esperándonos en todas direcciones.

Y es que el juego es complicado. Los combates están bien balanceados, de forma que si tenemos paciencia y habilidad podamos derrotar a enemigos por encima de nuestro nivel, pero también veremos que hasta el mindundi más patético puede liárnosla a poco que nos descuidemos, independientemente del nivel que tengamos.

Supongo que es uno de esos juegos que o te encantan o los odias. Aunque el hecho de morir constantemente se vea atenuado porque realmente, de cara a progresar, no importe demasiado (los enemigos vuelven a aparecer, con lo que puedes volver a recorrer las zonas y recuperar almas) el juego no perdona errores. Por ejemplo puedes matar (queriendo o por error) a cualquier personaje no jugador (mercaderes, herreros…) y una vez hecho no hay vuelta atrás, si necesitas comprar o reparar algo en esa zona estás jodido.

Además el juego no se para en ningún momento. Puedes encontrarte en la situación de que mientras comercias con un herrero de repente aparezcan enemigos y lo maten, con lo que no sólo pierdes al herrero si no también cualquier objeto que le hubieses dado para crear o mejorar tu equipo.

Una cosa que realmente echo en falta y que esperaba que hubiesen cambiado respecto al Demon’s Souls es que la parte multijugador sigue siendo aleatoria. Puedes invocar hasta tres jugadores para que cooperen contigo en una zona o invadir la partida de otro jugador, pero no decides con quién cooperas o a quien invades. Vamos, que no puedes quedar con un amigo para jugar juntos.