Vuelta al tajo

Tras semanas (¿o meses?) sin tocar este juego infernal finalmente me he decidido a seguir avanzando con él.

Ahora el problema que surge es: ¿y dónde diablos me había quedado yo? ¿A dónde tenía que ir? Por si no fuese ya bastante complejo el juego de por sí ahora encima ni siquiera recuerdo qué tenía que hacer.

De momento he llegado a la Ciudad Infestada (por algún sitio había que tirar) y se ha abierto ante mi un nuevo nivel de infernalidad. Si el juego ya es dificilillo en general, en esta zona se añaden dos cosas:

  • Nuevos bichos aun más tocapelotas si cabe.
  • Por alguna extraña razón en esta zona (y sólo en esta zona) el juego a veces da tirones.

Viene a ser una versión encabronada del Valle de la Corrupción de Demon’s Souls, donde los mosquitos ahora aparecen de forma infinita y hay unos bastardos escondidos que te tiran dardos envenenados y te pueden hacer todo el lío en un momento.

Para poner la guinda resulta que al principio del juego cuando creas tu personaje puedes elegir un ventaja entre varias opciones que te ofrecen. No recuerdo qué elegí, pero sí se que no cogí la llave maestra.

Chavales, coged la llave maestra.

Con esta llave puedes abrir una puerta a la que se accede desde debajo del Santuario Enlace de Fuego y que te lleva casi directamente a la zona final de la Ciudad Infestada.

En fin… de momento sólo he encontrado una hoguera donde guardar partida, casi al principio de la zona. Llegué casi hasta el final con bastante sufrimiento y una pandilla de esos tipos con cerbatanas que comentaba que te la podía liar en un momento… pues me la liaron. En un momento.

Y aquí estoy de nuevo.

El único consuelo es que ya dejé atrás a las ranas que te matan de un solo golpe (¿os hacéis una idea de lo triste que es que te mate una rana?) y que encima te dejan maldito y con la mitad de vida hasta que elimines la maldición.

Este es el tipo de cosas que hacen que no me guste viajar a países tropicales.